ROBLE MELOJO

Quercus pirenaica

Carballo negro (Gallego) | Carvalho-negral (Portugués) | Pyrenean oak (Inglés) | Chêne tauzin (Francés)


Árbol grande, que puede llegar a los 25 m, si bien debido a su explotación a menudo le vemos rebrotando y formando rodales enmarañados.

Su principal característica es que sus hojas son aterciopeladas por ambas caras y poseen unos lóbulos muy profundos. Estas hojas son simples, alternas y caducas, aunque en muchos ejemplares, sobre todos los juveniles, se mantienen secas en invierno y caen cuando el brote de la nueva hoja las empuja (marcescentes). Las flores crecen en largos pedúnculos colgantes amarillentos (amentos) y las bellotas son globosas y amargas.

La marcescencia o retraso de la caída de las hojas es un fenómeno que no se conoce completamente. Es una variante de la caducifolia en la que la separación de las hojas no se produce hasta el empuje de las yemas foliares en la siguiente estación. Con el acortamiento otoñal del fotoperiodo las plantas reabsorben los nutrientes y el agua de las hojas, Cierran los vasos conductores y dejan unidos los peciolos a las ramas de forma mecánica. Si el viento no lo impide, esta ligera sujeción es suficiente para que el árbol conserve las hojas secas hasta la llegada de la primavera.
El comportamiento de los individuos de la misma especie no es enteramente idéntico. Los rebrotes de cepa o ramas inferiores de los troncos adultos, conservan mayor número de hojas marchitas que las ramas elevadas, que frecuentemente pierden su cubierta. En cualquier caso, la relación entre la marcescencia y el temperamento intermedio del melojo, a caballo entre el mundo mediterráneo —perennifolio— y el atlántico —caducifolio— constituye un misterio. No está claro que conservar las hojas pueda suministrar ventajas, aunque quizás suponga mayor grado de protección para las yemas foliares.

Es un roble muy bien adaptado al clima mediterráneo por la pelosidad de sus hojas, que reduce la transpiración. Puede formar extensos bosques, aunque a veces se asocia a otras especies, siempre sobre sustratos ácidos o desprovistos de cal, entre los 200 y los 2100 m.

El sistema radical se hace tan potente que forma nuevos troncos que crecen desde la cepa. Como ha sido muy explotado por su madera o para hacer carbón, con frecuencia encontramos numerosos ejemplares que en realidad son todos procedentes de un mismo individuo cuya cepa puede ser varias veces centenaria.

Los frutos de los robles a veces se llegan a confundir con unas excrecencias denominadas agallas. Se trata de malformaciones que origina el propio árbol como defensa ante el ataque de un tipo de avispillas que depositan un huevo en las yemas o brotes tiernos. La planta reacciona y forma una tumoración, de tal manera que sus tejidos envuelven y aíslan al parásito formando la agalla. El huevo eclosiona y la larva queda protegida y rodeada de alimento. Después de la metamorfosis, el insecto ya adulto sale por un agujerito que él mismo horada y la agalla se seca.
El verdadero fruto es la bellota, que es un fruto seco característico del género Quercus, al que le acompaña una cubierta leñosa llamada cúpula o cascabillo que lo cubre parcialmente como si fuera una boina.

El melojo ha sufrido más que ningún otro representante de su género la epidemia de oídio, que lo diezmó a principios del siglo XX. Las continuas cortas favorecieron la propagación del hongo y la degeneración y debilitamiento de la especie. En algunas zonas se encuentran individuos maltrechos o aislados; en otras resisten en grupos de ejemplares retorcidos, o se recuperan entre otras especies, acompañando a hayas o robles, pero desafortunadamente, también muchas laderas antes pobladas, y ahora roturadas o deforestadas, sufren una erosión irreversible; por eso hay que subrayar el importante papel que juega el melojo fijando con sus raíces extendidas los terrenos más sueltos y bombeando nutrientes y bases del subsuelo para dejarlos en superficie.

En Álava se extiende por el parque natural de Izki, en la provincia de Vizcaya por Punta Lucero, y en la de Gipuzkoa se encuentra en los montes Jaizkibel, Igeldo, Andatza e Itziar.

Quercus era el nombre romano de los robles en general y de su madera, y por extensión de todos los árboles que producen bellota. El origen del vocablo es celta y significa ‘árbol hermoso’. El epíteto pyrenaica alude a su origen, pero en realidad allí es muy escaso. Esto se debe a que el botánico alemán que describió la especie, Ludwig von Willdenow, tenía unas etiquetas con esa procedencia y no tuvo en cuenta su distribución general.

Características

Descubre cómo son las diferentes partes que componen al árbol

Tronco

Hoja

Flor

Fruto

Floración

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